Filtros y conjuros de Magia Negra

El Sabbat de los hechiceros

Filtros y conjuros de Magia Negra

Los antiguos conocían el empleo de los filtros e invocaban, al componerlos, a las divinidades infernales. Apuleyo, que logró el amor de una rica viuda en Cartago, fue sospechoso de haber utilizado un filtro mágico para sus fines. Se aseguraba que lo había confeccionado con peces, ostras y patas de cangrejos. Los familiares de la viuda lo llevaron frente a los tribunales, mas Apuleyo ganó.
La base de los filtros procedía de algunas substancias afrodisíacas como el polvo de cantáridas, mas habitualmente se solía mezclar con otras substancias, como el pescado, llamado Remora, algunos huesos de rana, y, sobre todo, el hipomano.
Según otro autor antiguo, para componerlos se utilizaba también el llamado «sperma viril», la sangre menstrual, restos de uñas, de metales, de reptiles, de vísceras de peces y pájaros, mezclando a esto incluso algunas reliquias que estaban compuestas de ornamentos de las iglesias.
También existían otros encantamientos que se efectuaban por medio de la palabra, en verso o bien en prosa, y se conseguían resultados fantásticos, aunque con frecuencia podían ocasionar unos dobles efectos.

Leyendas de Magia Negra

Una mujer tenía sus ojos enfermos, y marchó a una escuela pública para solicitar a un escolar algunas palabras mágicas, que tuviesen el poder de actuar sobre su mal y curarla y le prometió una recompensa. El escolar le dio un billete envuelto en un pedazo de lona, y le prohibió abrirlo. La mujer lo llevó sobre ella como un talismán y se curó. Una vecina, que tenía exactamente la misma enfermedad pero no pudo aguantar la curiosidad de abrirlo, leyó en su interior, «que el diablo cierre tus ojos», y se quedó ciega. Se afirma asimismo que encendiendo cierta lámpara, un hechicero excitaba a todo el mundo que estaban en la misma habitación, y las obligaba a bailar delante de él, por realmente serias y reservadas que fuesen.
Existían asimismo algunos encantamientos hostiles a los que se amaban, y para conseguir su plena eficiencia se le añadía a las palabras del encantamiento los elementos: cenizas de cangrejos, de culebras, de cadáveres de pequeños quemados, y de fragmentos de hostias consagradas. Después de terribles conjuros, el polvo resultante era echado sobre los vestidos de la víctima. o mezclado con los comestibles que debía ingerir.
Veamos ahora el origen de algunas de las palabras empleadas para maleficiar. Las operaciones que llevan el nombre de conjuro provienen de la India y de Egipto. En la India, era suficiente vocalizar algunas palabras diciendo: «Dios es poderoso y glorioso», y mirando determinados colores, para conseguir una comunicación con algún genio del mal.
Cualquiera que sea la forma de acceder al conjuro, es necesario decir en voz alta el voto que se desea para darle una mayor consistencia al deseo expresado, y lograrlo de mayor duración, se debe redactar el conjuro sobre un pergamino virgen y con un tipo especial de escritura. Esta se obtiene por la mezcla y ensamblaje de ciertos signos que representan a los astros. Antiguamente, se aumentaba el poder de estas realizaciones con una liturgia religiosa. Un sacerdote debía bautizar el ejemplar preparado, y darle un nombre, tal y como si se tratase de un niño

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