Las formas de cuidar tu energía

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Las formas de cuidar tu energía para que te sientas lleno de vida. Tal vez no prestes demasiada atención a tu estado de ánimo, pero ha llegado el momento de que eso cambie, es de lo más importante en tu día a día, asi que es el momento de prestarle atención para mejorarlo.
Tu existencia está empapada por el “cómo te sientes”. Tu cuerpo, tu apariencia, tus pensamientos, tu relación con el ambiente, la calidad de tu experiencia rutinaria, tu trabajo, todo eso está determinado por el nivel y género de energía que llevas dentro y que corre a traves de tu cuerpo.
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Te voy a plantear unas formas de cuidar y optimar tu estado anímico:
Mantén un romance contigo mismo:
Esto es, trátate realmente bien queriendote de verdad.
Tú puedes escoger a quién le das voz en ti: a tu déspota interno o bien a tu enamorado interno.
Es tan simple como habituarte a darte ánimos a ti mismo, a decirte palabras cariñosas, a reconocer tus fallos y defectos con dulzura y paciencia, a darte permiso para descansar cuando lo necesites, alimentarte y relajarte, y asimismo para procurar, ensayar, fallar y aprender de todo lo que te rodea.
Trátate como tratarías a alguien de quien estás de forma profunda enamorado, si bien al comienzo. No precisas un certificado de merecimiento para hacerlo: Just do it.
Toma contacto con algún elemento natural:
Tomar tres minutos de sol, sentarte al lado de una fuente a percibir el canto del agua, sentir atentamente la brisa en tu cara y en tu cuello, aspirar de forma profunda el aroma de un ramo de flores, observar (o bien abrazar) un árbol, cerrar los ojos y oír con todo tu cuerpo la lluvia que cae allí afuera y disfrutar de ella.
La naturaleza está repleta de elementos que estimulan nuestra sensualidad, y que actúan en nosotros como verdaderos tranquilizantes y recargadores de pilas naturales. Es casi sin costo y prácticamente siempre y en todo momento está al alcance de cualquiera que la necesite.
Empléala y disfrútala.
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Escoge con quién charlar (o bien no charlar) de tus planes:
¿Qué personas de tu ambiente reaccionan con sarcasmo, crítica, fatalismo o bien desánimo cuando les cuentas tus proyectos sembrando de inmediato en ti una energía negativa?
Piénsalo ya. Identifica a esas personas e intenta no hablar sobre tus planes y proyectos delante de ellos, no importa quienes sean (examina este enlace sobre la resonancia límbica y comprenderás por qué razón te afecta tanto lo que tus próximos hacen o bien afirman).
Identifica a quienes sí te apoyan, que se alegran de veras con cada logro tuyo, que te dan buenos consejos y que te asisten a creer en ti mismo. Cuida mucho de esas relaciones pues son alimento energético de primer nivel y es el que necesitas más.
Renuncia a tener la razón:
O bien renuncia a la lucha por probar que llevas la razón.
Enfrascarse en discusiones inútiles con gente obtusa es una de las formas más eficaces que hay para perder tu energía en cosas realmente tontas. Intenta discutir tus ideas solo con personas que sepan mantener una charla de calidad que te enriquezca.
Tambien puedes utilizar otra estrategia: da la razón al obtuso. Síguele el juego. Solo de esta forma podrías llegar a ganar la posibilidad de que considere asimismo tu punto de vista como algo válido. Y hazlo solo si es verdaderamente esencial que el obtuso te tome en serio. Si no tiene real incidencia en tu vida, no pierdas el tiempo.
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Renuncia a agradar a los otros, renuncia a justificarte en frente de el resto.
Calendarizar, organizar, quitar lo superfluo, priorizar, hacer check-lists y crearse horarios no es una forma de esclavizarte, sino más bien de liberarte.
Si te ordenas ahorrarás un montón de energía mental y física, te vas a sentir mucho mejor contigo mismo. Ya no se te van a quedar cosas esenciales en la casa ni deberás estar solventando inconvenientes a último minuto.
No se trata de entrar en una neurosis, sino más bien de producir una estructura que sea conveniente para ti.
Una psique desperdigada es una psique agotada. Cuando estés en la dispersión, hazte una simple pregunta: ¿qué necesito ahora?
Quizá la contestación sea “descansar”, “hacer esa llamada de una vez por todas”, “pedirle excusas a mi vecino”…
Sea como sea la contestación, hazte caso. O bien ten una breve charla contigo mismo para convenir si lo haces en seguida o bien después.
Preguntarte qué precisas ahora es una forma de sostener tu atención en el instante presente, y de ir respondiendo a cada requerimiento uno por uno, en lugar de agotarte en frente de una montaña de cosas por hacer.

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